¿Diente oscuro? Descubre qué es la necrosis pulpar, sus síntomas y cómo salvar tu pieza antes de perderla. ¡Pide tu cita!
Pocos pacientes llegan a la consulta pensando que tienen un diente “muerto”. Lo habitual es creer que, si ya no duele, todo va bien. Sin embargo, cuando hablamos de necrosis pulpar, la realidad es justo la contraria: la desaparición del dolor no significa curación, sino que la pulpa del diente ha perdido vitalidad y la infección sigue avanzando en silencio. Por eso en Clínica Dental La Paz te recomendamos pedir cita y revisarlo.
¿Qué es exactamente la necrosis pulpar?
Cada diente tiene en su interior un espacio muy pequeño, protegido por capas de esmalte y dentina. Allí se encuentra la pulpa dental: un tejido blando compuesto por nervios y vasos sanguíneos. Esa pulpa es la que permite que el diente sienta calor, frío o presión, y la que mantiene con vida toda la estructura.
Cuando por alguna causa esa pulpa muere, hablamos de necrosis pulpar. El diente permanece en la boca, pero ya no está vivo. El gran problema es que el tejido necrosado no desaparece solo, sino que se convierte en un foco de bacterias que pueden extenderse hacia la raíz y el hueso.
¿Por qué ocurre?: Causas principales de la necrosis pulpar
La causa más habitual es la caries profunda. Una lesión que no se detiene a tiempo perfora el esmalte, atraviesa la dentina y llega a la pulpa, destruyéndola poco a poco. Pero no es la única vía de entrada:
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Traumatismos: Un golpe fuerte en los incisivos (jugando, en bicicleta o un accidente) puede dañar el nervio aunque el diente no se rompa por fuera. Meses después, el diente cambia de color revelando la necrosis.
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Pulpitis no tratada: La inflamación inicial produce dolor intenso, pero si no se acude al dentista, la pulpa acaba colapsando y muriendo.
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Factores de estrés dental: El bruxismo somete al diente a una presión constante, y los empastes antiguos desajustados pueden filtrar bacterias hacia el interior.
Síntomas que sorprenden (La falsa calma)
La necrosis pulpar tiene una particularidad que desconcierta a los pacientes: al principio duele mucho y después no duele nada. El paciente pasa de noches de dolor intenso a una «falsa calma». Lo que en realidad ha ocurrido es que el nervio ha dejado de responder porque ha muerto. Sin embargo, aunque el dolor agudo desaparezca, el problema empieza a manifestarse de otras formas visibles.
Uno de los signos de alerta más claros es el cambio de color del diente, que va perdiendo su brillo natural y oscureciéndose progresivamente. Al no tener aporte de sangre, la pieza empieza a verse más opaca, pasando de un tono amarillento a grisáceo e incluso negro en los casos más antiguos. Esto ocurre porque los pigmentos de la sangre y del tejido necrosado en el interior se filtran hacia la dentina, tiñendo el diente desde dentro como si fuera un moretón que nunca desaparece.
Muchos pacientes también notan un mal sabor de boca persistente o mal aliento (halitosis) que no se va con el cepillado. Esta sensación desagradable, que a veces se describe como un gusto metálico o amargo, está provocada directamente por la descomposición de los tejidos internos del diente y la presencia de bacterias. Por mucho que mantengas una buena higiene, el olor proviene del interior de la pieza, por lo que el cepillo no puede eliminarlo.
Cuando la infección busca una salida, es habitual que aparezca una fístula en la encía. Se trata de un pequeño bulto, muy parecido a un «granito» o espinilla, que aparece en la encía justo encima del diente afectado. Este bulto sirve como válvula de escape para el pus acumulado y suele supurar de forma intermitente. El hecho de que la fístula se vacíe y desaparezca unos días no significa que te hayas curado; es una señal inequívoca de que existe una infección crónica activa en la raíz que necesita tratamiento urgente.
Finalmente, aunque el diente ya no reacciona al frío o al calor, suele aparecer una molestia mecánica muy específica: la sensibilidad al tacto o al masticar. Es muy común sentir que ese diente está «más largo» que los demás o que «choca antes» al cerrar la boca. Esta sensación de diente «flojo» o elevado se debe a que la infección ha inflamado el ligamento que sujeta el diente al hueso, empujándolo ligeramente hacia fuera y provocando dolor cada vez que algo lo toca.

Diagnóstico con la radiografía de la necrosis pulpar
El examen clínico da muchas pistas, pero la confirmación llega con la radiografía. Un diente con necrosis suele mostrar una zona oscura alrededor de la raíz, conocida como lesión periapical. Esa sombra indica que el hueso se está destruyendo por la infección.
Para un diagnóstico preciso, utilizamos:
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Radiografía periapical: Para ver el detalle de la raíz.
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CBCT (Tomografía): Una visión en 3D fundamental para planificar casos complejos.
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Pruebas de vitalidad: Aplicamos frío o calor; si el diente no responde, la necrosis queda confirmada.
¿Tiene Solución? Tratamientos para salvar el diente
Esta es la gran duda. Sí, tiene solución, pero hay que actuar rápido. Aunque la pulpa no se regenera, podemos salvar la estructura del diente en la mayoría de los casos.
1. Endodoncia (La primera opción)
Es el tratamiento estándar es la endodoncia. Consiste en acceder al interior del diente, eliminar todo el tejido muerto, desinfectar los conductos y sellarlos con un material biocompatible. Esto permite conservar tu diente natural durante muchos años.
2. Apicectomía (Cirugía menor)
Si la infección persiste en la punta de la raíz tras una endodoncia, realizamos una apicectomía. Es una pequeña intervención para eliminar solo el extremo de la raíz y sellarla desde abajo.
3. Extracción e Implante (Último recurso)
Si el diente está demasiado destruido o la pérdida de hueso es excesiva, la única solución es la extracción e. En este caso, el implante dental es la mejor alternativa para recuperar la estética y la función de masticación de inmediato.

¿Qué pasa si no se trata la necrosis pulpar?
Dejar un diente necrosado sin atención es muy arriesgado. Aunque no duela, la infección sigue avanzando. El hecho de que no sientas molestias no significa que las bacterias se hayan ido; al contrario, están trabajando en silencio destruyendo los tejidos que rodean tu diente.
Si ignoramos este problema, la situación puede complicarse y provocar:
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Abscesos dolorosos y pérdida de hueso. Esto es lo que comúnmente llamamos «flemón». Como la infección no tiene por dónde salir, se acumula pus en la punta de la raíz formando una bolsa de presión muy dolorosa. Lo más grave es que, para hacer espacio, esa infección «se come» el hueso que sujeta el diente. Si pierdes mucho hueso, el diente empezará a moverse y podría caerse solo.
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Sinusitis de repetición (en dientes superiores). Las raíces de las muelas de arriba están muy cerca (y a veces tocando) de los senos paranasales, que son los huecos que tenemos detrás de los pómulos y la nariz. Si la infección del diente sube, acaba infectando esa zona. Muchos pacientes creen que tienen un resfriado crónico o mucosidad que no se cura nunca, cuando en realidad el origen es una bacteria que viene de un diente muerto.
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Celulitis facial: La infección pasa a los tejidos de la cara, lo cual puede requerir hospitalización y antibióticos intravenosos. Es importante no confundir esto con la celulitis estética de la piel. En medicina, esto se refiere a una inflamación grave de los tejidos blandos. La cara se hincha de forma visible (la mejilla, el ojo o incluso el cuello), la piel se pone roja, caliente y dura. Es una situación de urgencia médica porque la infección se está extendiendo fuera de la boca y puede afectar a vías importantes.

Tiempo de recuperación y Prevención de la necrosis pulpar
La mejor estrategia siempre es evitar llegar al punto de tener necrosis pulpar. Las revisiones periódicas cada seis meses permiten detectar caries incipientes antes de que alcancen la pulpa. Tratar un golpe dental, aunque parezca menor, puede salvar la vitalidad del nervio. Y en pacientes con bruxismo, una férula de descarga es fundamental para proteger los dientes del desgaste excesivo.
La prevención no solo evita tratamientos complejos y costosos, también aporta tranquilidad. Un simple control rutinario puede marcar la diferencia entre conservar el diente o perderlo.
Porque un diente que ya no duele no siempre es un diente sano. Puede ser, de hecho, el que más atención necesita.
¿Tienes dudas sobre el estado de tus dientes? No esperes a que aparezca el dolor. En Clínica Dental La Paz contamos con la tecnología y los especialistas necesarios para detectar cualquier problema a tiempo y salvar tu sonrisa. Pide tu cita de valoración hoy mismo; estamos aquí para ayudarte.
